La conclusión de la publicación de las
Obras de san Agustín, en la Editorial - Biblioteca de Autores Cristianos
(BAC), con el volumen n. 41, serie normal n. 621, LOS APÓCRIFOS O
ESCRITOS ATRIBUIDOS A SAN AGUSTIN de
950 páginas, sugiere un impulso nuevo en el estudio de san
Agustín con una interrogación: ¿Dónde y cómo
están los estudios de san Agustín hoy? ¿Qué
está faltando para profundizar en el contenido de su pensamiento?
Planteamiento que se puede valorar con preguntas concretas, como: ¿
Cuáles han sido el itinerario y los avances históricos que
más firmemente han logrado el desarrollo del pensamiento de san
Agustín hasta finales del siglo XX?
1. Preámbulo
Un hombre tan antiguo como san Agustín, nada
menos que del siglo IV-V, con quince siglos de presencia ¿qué
tiene para no envejecer, y seguir atrayendo a tantos en todos los tiempos, y en
particular en el nuestro? . Además, siendo del norte de África,
entonces rica provincia romana con geografía, historia, sociedad de
ciudadanos y esclavos, de patricios y plebeyos, de magnates senadores y de
servidores artesanos, con medios y formas de vivir tan diferentes a los
nuestros ¿cómo este hombre se ha hecho tan atrayente, y de
qué se ha servido para ser siempre actual, e interesar tanto?.
2. El contexto
Es verdad que Agustín vivió y se
formó antes de que se extinguiera el esplendor y la grandeza del inmenso
patrimonio del Imperio Romano con sus adelantos, cultura, organización,
comunicaciones, unidad polítíca, social, geográfica,
religiosa, y católica, de tal modo que el norte de África
llegó a ser considerado rival de Roma por su arte, ingenio, cultura,
valor, riquezas e influencia social;
y pronto fue protagonista sobresaliente con grandes mártires,
apologistas, obispos y escritores. Por otra parte, la tensión racial y
nacionalista estaba muy presente en la sociedad contra la presencia romana,
incluso con ataques violentos, así como la amenaza creciente de los
bárbaros a lo largo de las fronteras del Imperio. Todo esto lo
vivió san Agustín, y fue testigo, actor y personaje influyente en
muchos casos, como en las controversias maniquea, donatista, pelagiana,
arriana, pagana, judía, con intervenciones decisivas en muchos
Concilios; además, fue también cronista singular de la
descomposición progresiva del Imperio, de la invasión de los
bárbaros, del saqueo de Roma en año 410, y de la ocupación
del norte de África, sufriendo el asedio de Hipona el 429-430.
Período muy agitado y violento el suyo con tensiones raciales,
religiosas y políticas, que, leyendo a san Agustín, se perciben
como contexto en la Ciudad de Dios,
y en los comentarios de los Sermones
con problemas y preocupaciones agobiantes de la vida diaria en la familia, en
los negocios, en el comportamiento moral, religioso con las intrigas de los
herejes y cismáticos maniqueos, donatistas, pelagianos, judíos y
paganos. En este ambiente tan difícil san Agustín supo llevar con
celo la carga episcopal, iluminando con serenidad casi todos los problemas de
su tiempo, a la vez que profundizaba en las grandes verdades, como vida-muerte,
bien-mal, verdad-error, justicia-pecado, gracia-salvación; en una
palabra, repasó los valores y contravalores de siempre que perviven en
la humanidad, y se reviven generación tras generación.
De ahí el que las preocupaciones y las
orientaciones de san Agustín lleguen a los hombres tan de cerca que
cualquiera, sea joven o viejo, queda impresionado al verse reflejado en su
obra, y comprender, en sus luchas y ambiciones, los porqués y su
desenlace, como en el problema de la existencia del mal por la responsabilidad
de cada uno en sus acciones; el origen del mal desde el fallo o desorden de la
criatura inteligente y sus consecuencias de privación de bien, las
incertidumbres, sentimientos, miedos. Experiencias éstas vividas,
contrastadas y transmitidas por Agustín como retrato de todos para
conocernos y llevar la esperanza incluso a los más deprimidos y
empecatados por su defensa genial de la gracia del único Mediador,
Jesucristo, centro, camino y plenitud del plan de Dios, para recrear su obra
por el anonadamiento inaudito e inefable de la Redención. Luego, el
sentido de la vida con la inquietud positiva en el conocimiento de la verdad y
del bien, ante la fascinación de la belleza de la creación, para
alabar y contemplar tantas maravillas del Creador; y de ahí trascender
al mundo iluminado interior, y navegar hacia Dios hasta descansar en Él,
uno y trino, origen, meta. Las Confesiones y las Retractaciones, por
ejemplo, además de biografía, son testimonio vivo y repasado
del peregrinar del hombre, en esa
búsqueda incesante y sincera de la felicidad por el conocimiento y el
amor personalizado en cada uno, con la presentación de los grandes
misterios: La Trinidad, la
lucha-victoria en la Ciudad de Dios,
la participación en la vida real con los Sermones y las Cartas.
San Agustín, como escribió,
discurrió y polemizó tanto, es el primer crítico objetivo
de sí mismo, que confronta su vida entera consigo mismo y con las
críticas de su tiempo, no siempre objetivas, y muchas veces
tendenciosas, como ocurre también hoy; pero san Agustín es
siempre dialogante, porque está seguro, y quiere siempre que la verdad
hallada triunfe en todos.
San Agustín vivió todo esto, y lo supo
reflejar de un modo tan vivo, dinámico y emotivo que hace muy
interesante cuanto toca, y es estudiado de manera especial hoy por muchas razones. En primer
lugar, porque tenemos a nuestro alcance todos los escritos de san Agustín,
no sólo con las ediciones típicas y las traducciones vernáculas,
sino también con la informática, el internet, y el CDRom. En
segundo lugar, porque son muchos los estudiosos que profundizan en la lectura y
conocimiento de sus escritos en diferentes áreas con interpretaciones y
pareceres distintos, que enriquecen la cultura continuamente. En tercer lugar,
porque se publican e intercambian estos conocimientos de san Agustín con
rapidez, respetándose y completándose entre sí. El
catálogo de estudios científicos sobre san Agustín engrosa
cada año una media de cuatrocientos títulos nuevos entre libros,
tesis doctorales, artículos especializados. Se editan
periódicamente revistas dedicadas exclusivamente a estudios sobre san
Agustín, que tienen intercambio con otras de su nivel en el mundo entero
y reciben otros tantos libros nuevos al año, que envían las
editoriales para recensión. Nuestra Revista AVGVSTINVS, por ejemplo,
tiene ya editados 46 volúmenes de 400 páginas cada uno y 185
números trimestrales, donde han colaborado hasta el momento actual 420
autores distintos con más 800 artículos originales sobre
distintas materias agustinianas; además, funciona la editorial
AVGVSTINVS con un fondo de obras interesantes en su género. Para
desarrollar todo este trabajo se cuenta con espléndidas bibliotecas totalmente especializadas en
san Agustín; se están editando en lenguas vernáculas
diversas las Obras Completas de San Agustín; hay fundados Institutos de Agustinología,
cursos académicos, y
congresos para fomentar, dirigir y coordinar los estudios agustinianos
en distintos campos del pensamiento.
Uno de los campos de mayor atención actualmente
es la Hermeneútica de san
Agustín en sus obras: La doctrina cristiana para el estudio e interpretación correcta de
la Sagrada Escritura; los Comentarios a los Salmos, los Sermones y las Cartas.
3. La historia
Con el año 386 se inició en
Agustín una reacción profunda con preguntas fundamentales de antropología, de filosofía, de
gnoseología total que le llevaron a superar las bagatelas del
materialismo, la incertidumbre y el agnosticismo de los académico[1] .Desde aquel verano los libros platónicos, la
lectura de san Pablo, la predicación de san Ambrosio, las conferencias
asiduas con Simpliciano, Ponticiano y el círculo de amigos de
Milán tienen punto de inflexión en Agustín que inician en
él una etapa nueva de reflexión consigo mismo extraordinariamente
sincera y fecunda. La autocrítica en el análisis de su vida fue
disipando las tinieblas en varias direcciones: el pensamiento filosófico
sobre el ser, la verdad, el bien y el mal, la rectificación sobre lo que
es la Iglesia Católica, la superioridad de los valores morales:
honradez, veracidad, castidad, la lectura más serena y sin prejuicios de
la Biblia, el realismo cristiano… son pasos de capital interés en
su vida. Muy pronto la eficacia de la escena del jardín con la
intervención de la gracia del Toma y Lee, y como respuesta la actitud heroica por la renuncia
radical a todo: cátedra, porvenir profesional y cortesano, matrimonio,
el retiro de Casiciaco y la preparación a conciencia para el Bautismo
inauguran el periodo de regeneración integral muy rigurosa de toda su
persona. Desde el bautismo Agustín es otra criatura, que florece y
fructifica en el jardín monástico de la Iglesia como siervo de Dios.
Los frutos cada vez más sazonados, espléndidos y copiosos durante
toda su vida lo van a ir demostrando.
En efecto, Agustín cristianiza la
filosofía, el pensamiento platónico, comienza la formación
bíblica y la reflexión teológica. Sus escritos son obras
de un maestro que enseña a discípulos familiares, y a la vez a un
auditorio muy diverso que se puede clasificar en cuatro secciones: 1º el
de los discípulos de nivel universitario con las primeras obras como los
Diálogos de Casiciaco, las
intervenciones en los Concilios y en las Controversias públicas con
interlocutores muy preparados y grandes adversarios. 2º a los siervos de
Dios, a quienes forma diariamente en sus Comunidades con el Directorio, La
Regla, las 83 Cuestiones diversas. Las Confesiones, las Retractaciones, la
Doctrina cristiana… 3º a
personas cultas e influyentes con su doctrina, a quienes dirige Cartas y las Obras de las controversias, incluidas La Trinidad, la Ciudad de Dios, en defensa de la verdad. 4º al gran
público o auditorio de todas las clases sociales como en la
predicación, donde aparece reflejada por una parte la heterogénea
y embrollada vida social, y por otra la vida creadora y efervescente de
Agustín, que recorre un camino de observación,
investigación, y reflexión teológica con
metodología técnica y hermenéutica diferente, según
el contexto de cada caso para su interpretación correcta[2];
4. La transmisión de los
escritos de Agustín.
¿Por qué san Agustín ha
interesado tanto, y sigue interesando en cada momento de la historia, de modo
especial hoy?
San Agustín interesa siempre, cuando escribe y
cuando habla, porque influía desde Hipona con su doctrina en todo el
Imperio Romano de tal modo, que, como en su tiempo se hacían
imprescindibles sus obras, y los
taquígrafos y los escritorios copiaban y transcribían sus
palabras y escritos para enviarlos por distintas partes y a destinatarios
diferentes, desde entonces hasta hoy se han hecho imprescindibles la
transcripción y la retransmisión de códices manuscritos, y
ha seguido siendo continua la edición de sus obras después de la
imprenta. Y, aunque a veces san Agustín se quejaba de que escritos suyos
eran enviados sin haberlos revisado[3], de hecho, los escritos de Agustín no han
cesado nunca de ser copiados, leídos, y comentados hasta nuestros
días según los periodos históricos, que pueden dividirse
en cinco, prácticamente con los impulsos nuevos de renovación en
la Historia de la Iglesia.
LOS CINCO PERIODOS HISTÓRICOS[4]
Con la invasión de África por los
bárbaros desde el año 430 las comunidades agustinianas son
molestadas, perseguidas progresivamente y exclaustradas de manera que se ven
obligadas a huir, y entonces llevan consigo las bibliotecas a Italia,
España , sur de las Galias, Centroeuropa, donde comienzan a consultar a
san Agustín, y a formar sobre todo Sermonarios, primero con introducciones adaptadas, breves
exposiciones de los sermones, mutilaciones, resúmenes y reelaboraciones
como las hechas por san Cesáreo de Arles (470-543), san Gregorio Magno
Papa (540-606); san Isidoro de Sevilla (560-636), que acercan san Agustín a la Edad Media con
escuelas clericales y monásticas, bibliotecas y enciclopedias como las Etimologías
de san Isidoro, y las Colecciones
canónicas como la Isidoriana o Hispana, hacia el año 600[9]
La primera etapa o Escolástica temprana[16]. llena
magistralmente los siglos XII-XIII con figuras estelares y obras definitivas,
como las grandes Sumas y
comentarios o prelecciones de cada tratado en filosofía y
teología realizados por Maestros sapientísimos y santos: como san
Alberto Magno (1206-1280), filósofo, teólogo, naturalista y
aristotélico; su discípulo egregio, santo Tomás de
Aquino (1224-1274), intelectualmente
mezcla de aristotelismo y de platonismo. Es gran discípulo de san
Agustín, que sabe encontrar fórmulas filosóficas acertadas
al servicio del dogma. Si san Agustín es el sabio en quien culmina la
teología de las Escrituras y de los Santos Padres, de quien procede la
teología de la Escolástica, Santo Tomás de Aquino supo
captarlo, y asimilarlo como ninguno. En la historia del pensamiento san Agustín
ocupa un puesto firme a partir del núcleo filosófico
Aristóteles-Platón que él eleva con la
inculturación fundamental del cristianismo. Y en el modo de pensar de
Santo Tomás de Aquino aparece el modo de pensar de san Agustín,
de manera que el modo de pensar de san Agustín se prueba por el modo de
pensar de Santo Tomás. Pero son dos ritmos distintos de pensar, donde
Santo Tomás, con su filosofía al servicio de la teología,
es la madurez humana de san Agustín.
Junto a santo Tomás de Aquino está san Buenaventura (1221-1274)[17] seguidor de san Agustín en la filosofía
platónica, en la espiritualidad con su Itinerario del alma hacia
Dios. En su pensamiento está
muy relacionado con el también franciscano Alejandro de Alés
(1185-1245), quien intentó conciliar la filosofía de
Aristóteles con el platonismo para exponer la teología con
principios filosóficos sólidos y realistas, preludio del
agustinismo de las Cuestiones y Sumas en la enseñanza muy afín al crede ut
intelligas agustiniano en san Anselmo
de Cantorbery. Duns Escoto (1266-1308),
franciscano escocés, muy crítico con el tomismo, es uno de los
más importantes filósofos de la Edad Media con santo Tomás
de Aquino, y con Guillermo de Occam, renovador del agustinismo, que
comentó al Maestro de las Sentencias, y que con san Buenaventura revive
a san Agustín, cuando está decayendo la egemonía del Sacro
Imperio Romano carolingio.
También destacan en esta etapa franciscanos de
talla universal, como Raimundo Lull (1233-1316), llamado “doctor
iluminado” con su teología apologética basado en el
realismo cristiano neoplatónico de corte agustiniano configurado ya en
el siglo anterior, siglo XII, quien hace revivir, crtistianizado el viejo ideal
aristotélico. Y, Guillermo de Occam (1280-1350), franciscano
inglés, filósofo y teólogo muy discutido y crítico
con el tomismo y con el agustinismo, con teorías singulares, como sobre
el Dios iluminante, las ideas ejemplares…
En la segunda etapa, o Escolástica tardía[18], .siglos
XIV-XVI, culmina la formación de la escuela agustiniana, iniciada en la
etapa anterior con los agustinos: el célebre Egidio (Gil) Romano (1245-1316), discípulo aventajado de santo
Tomás de Aquino; Santiago de Viterbo (1255-1307), discípulo de
Egidio Romano, y propagador de la doctrina agustiniana; Gregorio de
Rímini (+ 1358), considerado como el mejor expositor del pensamiento de
san Agustín en teología; el canciller de la Uinversidad de
París Juan Gersón (1363-1429), maestro de la vida espiritual; y
el gran Jerónimo Seripando (1492-1563), promotor de los estudios
agustinianos.
En el siglo XV la legislación de la Orden de
san Agustín recoge el despertar del Agustinismo desde las Constituciones
Ratisbonenses de 1290, apoyadas en el Capítulo de Florencia de 1267 para
prescribir y acompañar el estudio de la doctrina de san Agustín
según el magisterio de la Escuela Agustiniana. En ello insistirán el Capítulo de
1539, las Constituciones de 1551, las de 1581, y ordenando su cumplimiento y
metodología detallada en su enseñanza las Constituciones de
Agustinos Recoletos de 1745.
Por otra parte, desde finales del siglo XIV se
venía preparando y restaurando en las Universidades la decadencia de la
Escolástica tardía con la transición hacia la
comprensión de la filosofía moderna[19] En todo este tiempo se multiplican las
síntesis y la exposición de la doctrina agustiniana sobre las
cuestiones fundamentales en los tratados filosóficos, teológicos,
canónicos, políticos y de espiritualidad. A mediados del siglo
XVI el Concilio de Trento dio un nuevo impulso[20], estimulando a los teólogos a profundizar en
el estudio de la Biblia y en la patrística. Esto obligó a releer
y revivir los escritos de la
Escritura y de los Santos Padres, sobre todo de san Agustín en las
controversias pelagiana y donatista contra la reforma luterana, la gracia, los
sacramentos, la Iglesia. Se formó la Congregación de auxiliis (1597) para hacer frente a las interpretaciones
desviadas. Entonces brilló san Agustín con luz propia nuevamente,
como doctor seguro e indiscutible de la gracia en los grandes centros
universitarios como Lovaina, París, Salamanca, Alcalá de Henares.
Es en este siglo XVI y mediados del XVII, llamado
siglo de oro español, cuando
surge con mucha solidez y fuerza la renovación y el esplendor de la
teología con los grandes Maestros de la Escuela Salmantina, principalmente con los Dominicos: Francisco de
Vitoria (1492-1546) en 1526, Domingo de Soto(1495-1560) en 1532, Melchor Cano
(1509-1560), Domingo Báñez (1528-1604).
Y con los Agustinos: Juan de Guevara (1518-1600), Fr.
Luis de León (1527-1591), Pedro de Aragón (1545-1592),
Agustín Antolínez (1554-1626), Basilio Ponce de León
(1570-1626), quienes vigorizan la teología positiva con el estudio de la
Biblia y de la Patrística en defensa de la fe frente a la decadencia de
las escuelas y a las desviaciones del pensamiento y del texto agustiniano,
contra la apostasía y el cisma de Lutero (1483-1540). (Lutero, M.:
Luther´s Works, 55 vols. Ed. Jaroslav Pelikan, Saint Louis-Philadelphia
1958-1986).
Además la utilización de la imprenta,
desde 1445, facilita ahora la difusión de los incunables, y rescata la
conservación de los códices manuscritos, porque entran de lleno
las impresiones y ediciones de las Obras Completas de san Agustín, que
hacen a los siglos XVI y XVII los siglos de oro de las
Ediciones-Príncipe.
En el
ámbito teológico comienza a hacerse la síntesis y
aplicación de la doctrina agustiniana a los tratados filosóficos,
teológicos y de espiritualidad. La interpretación del Augustinus del holandés, Cornelio JANSENIO (1585-1638)[24]. es otro paso más en el método y
estudio de san Agustín, porque leyó diez veces todos los escritos
de san Agustín, y hasta treinta veces los escritos sobre la gracia y el
pelagianismo; también estudió a sus discípulos y
defensores, san Próspero de Aquitania (390-455) y san Fulgencio de
Ruspe. Además extractó cuidadosamente de los escritos de san Agustín
lo que le sirvió para el plan del Augustinus, que era volver a la austeridad primitiva y a la
doctrina pura de san Agustín. Jansenio recomienda su obra Augustinus como expresión exacta y fiel de los
sentimientos de san Agustín. Fue publicada en París el año
1641, tres años después de su muerte. Consta de tres tomos: el
tomo I con ocho libros sobre la historia del pelagianismo en todas sus fases, y
del semipelagianismo; el tomo II, también con ocho libros sobre la
gracia del primer hombre y de los ángeles, en oposición a los
errores del pelagianismo y del semipelagianismo; el tomo III con nueve libros
sobre la gracia del Salvador. Es la parte principal. Contiene exageraciones y
errores que fueron condenados por la Santa Sede en 1677; en especial cinco
proposiciones, que según Bossuet “son el alma del libro
Augustinus, porque en éllas está todo el libro, y el libro entero
no es otra cosa que estas cinco proposiciones” [25].
Pascal
Blas (1623-1662) se propuso repensar la teología desde la fidelidad a la
tradición evangélica, bíblica, agustiniana, patristica y
litúrgica, lex orandi lex credendi, porque la Biblia y la liturgia están llenas de comentarios que
invitan a reflexionar sobre los textos sagrados, donde se ve reflejada la
doctrina agustiniana sobre los problemas principales en los Comentarios a
los Salmos y Tratados de san Juan.
Está influido por Jansenio; y a través de san Bernardo de
Claraval descubre a san Agustín en su controversia contra el
pelagianismo, como maestro realista de las antítesis (In Ps 134, 16-
los abismos), contra los radicalismos
donatistas, padres del jansenismo, como maestro de la clemencia (In Ps 63,
3- la mezcla de las cosas temporales),
y de la tolerancia (In Ps 50,24 -entre los malos), la paz superior (In Ps 91, 8, 10)[26]
Bossuet
Jacques-Benigne (1627-1704), francés, teólogo y apologista contra
los errores de Jansenio en su Augustinus, contra los protestantes y los pietistas de Molinos, defensor de la
tradición y de los Santos Padres, de san Agustín sobre todo[27].
Entre los
Agustinos, destacan los cardenales Enrique Noris (1631-1704) con la Historia pelagiana y la gracia, Juan Lorenzo Berti (1692-1766) con la Vinditiae augustinianae, que corrigen interpretaciones falsas sobre san
Agustín, defendiendo su doctrina y ortodoxia. Los Padres Priores Generales[28]: Bellelli,
Fulgencio (1726-1733), que defendió la profundidad de la doctrina de san
Agustín, y la obra de Noris; Schiaffinati Nicolás Antonio (1745-1739) publicó un
manual de teología según san Agustín, y defendió la
tradición angustiniana de Juan Lorenzo Berti en Roma; Gioia Agustín (1745-1751) presentó la obra De
theolicis disciplinis 1753-1785;
formó la Biblioteca Agustiniana, y fomentó la Escuela Teológica Agustiniana; el mejicano Vázquez Francisco Javier (1753-1785), gran defensor de Noris y
de la Escuela Agustiniana.
La primera etapa, en el siglo XIX, se carecteriza, sobre todo, por la publicación
de la monumental Patrología de Iacques Paul MIGNE, titulada Patrologiae
cursus completus, serie latina (PL),
con 217 volúmenes más cuatro de Índices entre 1844-1868,
que recogen 221 autores desde Tertuliano hasta Inocencio III; a los que hay que
añadir el Suplemento de nuevos volúmenes que actualizan y
revalorizan la Colección todavía insustituible para los
estudiosos. Migne presenta en
todas las obras las ediciones mejores, y trae notas introductorias o
advertencias orientadoras que han formado y continúan formando a
estudiosos, teólogos, historiadores…Obra monumental que
perfecciona y completa la edición-príncipe de los Maurinos hasta
el XV Centenario de la fundación agustiniana en el año 1888, y
que ha facilitado el estudio y la publicación de los primeros escritos
monográficos sobre el contexto histórico, geográfico y
literario de la vida y obras de san Agustín. Recoge las Obras
Completas de San Agustín, las
auténticas de san Agustín, y las apócrifas o atribuidas,
en 16 tomos con Suplemento e Índices (1844-64)[30]. Finalmente, con los siglos XIX-XX entra en
acción el trabajo en equipo con la experiencia y los medios modernos
para editar las Colecciones típicas: Corpus Scriptorum
Ecclesiasticorum Latinorum (CSEL)
desde 1865, y Corpus Christianorum Latinorum (CCL)
desde 1953, que restablecen los textos críticos más originales, y
que además se completan con las Clavis Patristica Pseudoepigraphorum (CPP) de
Machielsen en 1990 y Clavis Patrum Latinorum (CPL) de
E. Dekkers en 1995.
La segunda etapa abarca todo el siglo XX con las celebraciones de los Centenarios de la
muerte (430-1930), del nacimiento (354-1954), conversión y
fundación agustiniana (386-388, 1986-1988), que fueron ocasión
principal para celebrar Congresos científicos, promover el estudio, la
preparación y publicación de concursos, tesis doctorales,
trabajos monográficos sobre diversos temas en torno a san
Agustín, y sus enseñanzas; planificación y comienzo de de
las traducciones y ediciones bilingües de las Obras Completas de san
Agustín en las principales
lenguas modernas , como la francesa Oeuvres desde 1949 en Bibliothèque augustinienne (BA),
París, todavía sin terminar; la española desde 1946 en la Biblioteca
de Autores Cristianos (BAC), Madrid,
con 41 tomos, terminada en 2002; la italiana en Nuova Biblioteca Agostiniana
(NBA) Roma, desde 1965, aún
sin terminar; la portuguesa desde 1994 en Coleçâo Patristica, y la norteamericana, sin terminar; la
publicación de enquiridiones; la fundación de Revistas
especializadas en estudios sobre san Agustín, como Études Augustiniennes en 1955, París, y Recherches Augustiniennes para investigaciones y obras monográficas
especializadas en san Agustín; la Revista Avgvstinvs en 1956, Madrid y la Editorial y Colección
Avgvstinvs para la publicación
de trabajos especializados. Otras Revistas Agustinianas con un criterio
más liberal, pero que publican artículos relacionados con san
Agustín y sus enseñanzas, como La Ciudad de Dios,
Religión y Cultura, Revista Agustiniana, Estudio Agustiniano,
Augustinianum, Augustinian Studies.
La media de publicaciones es de entre 300 y 400 títulos nuevos cada
año. Es la etapa más fecunda, etapa de maduración y
profundización en el planteamiento metódico de los estudios
agustinianos, con un alto nivel reconocido en campos diversos de la
Agustinología, como pioneros Portalié, Gradwodski, Priztwara,
Cayré, Van der Meer, Brown, Capánaga, Verheijen, Wiltmar…,
verdadero punto de arranque hacia la sistematización del pensamiento
agustiniano en cada tema tratado por éllos. Etapa de maduración y
profundización en el planteamiento metódico de los estudios
agustinianos con el alto nivel que representan ilustres agustinólogos en
la publicación de obras interesantes[31]
Como balance universal de la presencia e influencia de
san Agustín en la historia y cultura de la humanidad, sobre todo de la
Iglesia, dan idea aproximada las cifras siguientes: desde que Agustín
comienza a publicar con los Diálogos de Casiciaco en noviembre del año 386, a los treinta y tres
años de edad, hasta nuestros días han sido más de 50.000
los títulos publicados por estudiosos sobre sus escritos, y más de 8.000 los autores
que han escrito sobre san Agustín en distintas áreas del
pensamiento humanístico, filosófico, teológico,
antropológico, sobre problemas y preguntas fundamentales. San
Agustín ha transmitido enseñanzas de un modo tan personal que es estudiado con interés,
y se hace atrayente, porque supo integrar toda la verdadera cultura humana,
aunque fuera pagana, en la formación cristiana por el principio de
integración e inculturación que formula al “despojar a los
egipcios de sus joyas” en frase suya (De Doctrina christiana
2,40.60-61), esto es, al aprovechar y
utilizar los dones y recursos naturales que Dios creó para todos, y
ponerlos al servicio del único Dios verdadero. Y esto no sólo
directamente con sus escritos auténticos, sino también
indirectamente con su influencia y autoridad a través de comentarios y
reelaboraciones que otros han hecho de su pensamiento sin firma alguna o
apócrifos, pero atribuídos a san Agustín. De estos
manuscritos o códices están reconocidos más de 3.000. El
volumen n. 41 de sus Obras Completas
que BAC acaba de publicar recoge solamente catorce obras, como más representativas
de esta influencia y autoridad de san Agustín, sobre todo en la Edad
Media.
Según esto, como balance: ¿qué
obras de san Agustín, qué temas y planteamientos sobre su
pensamiento se considerarían como esenciales? ¿Quedan aspectos
fundamentales por estudiar en el
campo fecundo del pensamiento y del lenguaje greco-romano que orientó a
Agustín hacia la sabiduría y el encuentro definitivo con la
Verdad para que reine en todos?
5.-Proyecto
En cambio, a partir de su preparación para el
sacerdocio el año 391, con un retiro para estudiar las Sagradas
Escrituras, ya durante toda su vida, más de cuarenta años, como
sacerdote y obispo, no va a dejar de estudiar, de hablar y de escribir a la luz
de la palabra divina, “con voz fuerte, alto y claro, me has hablado en mi
oído interior”, dice en las Confesiones 12,11,1. Y entonces surge la pregunta: ¿cuál es
el contenido semítico bíblico de estas lecturas y su estudio y el
sentido en los escritos de san Agustín?. Desde el comienzo del siglo XXI
¿no será la hora, como invitaba Pablo VI para la teología,
de releer y repensar a san Agustín a la luz de la Sagrada Escritura y en
su contexto, por la reflexión teológica sobre las fuentes:
Biblia, tradición judeo-greco-latina-cristiana, la Historia de los
Dogmas y de los primeros Concilios, la Antropología semítica
bíblica y cristiana para descubrir ese contenido, como propone el
Concilio Vaticano II?. Porque, escuchando la revelación de Dios, san
Agustín ha sido y es el maestro seguro que ha influído en la
civilización de Occidente, y en la doctrina de la Iglesia hasta nuestro
tiempo. Por tanto, el interrogante se concreta:
¿ Dónde y cómo san
Agustín hoy?
Una tarea fascinante y laboriosa, que exige mucha
preparación, y nunca será estéril, porque puede abrir
horizontes nuevos y lograr avances insospechados. Sin renunciar, pues, a lo ya
conseguido, ni a completarlo, la agustinología del siglo XXI puede ser
sorprendentemente fecunda: lejos de estar agotada, podrá iniciar una
nueva etapa de esplendor.
Sin duda, los estudios realizados constituyen un
verdadero lujo por los resultados obtenidos. Porque si se hace inventario de
los libros de toda clase, publicados hasta ahora: bíblicos,
teológicos, filosóficos, históricos, literarios…sobre
los escritos de san Agustín aparecen en seguida los pasos decisivos que
se han dado con estudios tan excelentes que algunos merecen la
categoría de definitivos, y
sus autores el reconocimiento de verdaderos maestros y especialistas en san
Agustín.
Por tanto, la actualidad de san Agustín ha sido
siempre incesante, y su influencia es perenne por la inquietud y
búsqueda del infinito (Conf. 1,1,1). Buscar para encontrar, pero encontrar para seguir
buscando (In Io ev 63, 1). Quid putatis esse sapientiam nisi veritatem (De
beata vita 4, 35). Non intratur in veritatem nisi per caritatem (Contra Faustum
32,18). San Agustín
superó el maniqueísmo nihilista y tenebroso con el neoplatonismo
realista y lumínico en contacto con la verdad trascendida como ideal
inteligible, como luz contemplada, como reposo quietud-totalidad (Solil.
1,1,2 (Dios todo en todo). La
historia demuestra que san Agustín ha sido artífice fundamental
de la unión de la antigüedad y el cristianismo, la antigüedad
con toda la inquietud, búsqueda y espera hasta el encuentro con el
cristianismo en la plenitud de los tiempos.
San Agustín, llamado con razón el
Platón cristiano, ha sabido armonizar los derechos de la razón y
las verdades de la fe con respeto y autoridad. Siempre sin ambigüedad y
con precisión. Por eso la frase “como dice san Agustín o ha
dicho san Agustín” es una expresión vulgar o tópico
que indica la importancia e influencia de san Agustín para reforzar un
argumento o conversación seria, aunque venga más o menos a
cuento. Y es que a lo largo de la historia, en distintas áreas del saber
humano san Agustín es citado por su sabiduría, por su autoridad,
y de ahí su influencia. Todos le reconocen un primer puesto como
maestro. Y, sin embargo, esto no significa que san Agustín sea conocido
de verdad, sino muchas veces sólo de oidas. Lo cual quiere decir que la
mayoría que cita o habla de
san Agustín no ha leído lo que él escribió,
simplemente se repite lo que algunos han dicho o escrito sobre él. Esta
postura ha sido y sigue siendo tan actual como antigua, porque su doctrina y su
autoridad en muchos puntos son indispensables. Pero hay una gran diferencia:
que antiguamente, al menos hasta que llegó la imprenta en 1445, no era
fácil acercarse a las obras de los autores; primero, porque la gran
mayoría era casi analfabeta, carecía de estudios, ahí
está el arte plástico de los retablos para enseñar la
catequesis por los sentidos; además las obras eran manuscritos, que muy
pocos, algunos privilegiados pudientes y estudiosos, podían conseguir;
en cambio, desde la imprenta la cultura fue más accesible y se hizo
más general; luego, en la Edad moderna y nuestra Edad postmoderna los
medios de comunicación, y sobre todo, la información lo han
puesto al alcance de casi todos, con una facilidad tan grande como si siempre
hubiera sido así. Por tanto, para valorar con justicia hay que
distinguir el paralelismo entre la antigüedad con la transcripción
sucesiva de los manuscritos hasta los incunables de las grandes colecciones
desde la imprenta, y nuestro tiempo moderno con las técnicas
avanzadísimas para leer, informar, investigar, publicar. Referido todo
esto a san Agustín quiere decir que cuando él vivió
solamente muy pocos pudieron leer sus obras; que se copiaban a mano en los escritorios de Hipona, Cartago y
Tagaste, y eran enviadas, como se podía, a destinatarios privilegiados,
que luego se consevaban y se transmitían a su vez desde las bibliotecas
y escritorios de los monasterios, de las catedrales. Iglesias principales,
verdaderos centros o núcleos de formación y de divulgación
. Método que duró muchos siglos, se organizó, y en
algún aspecto se comercializó, desde la época carolingia
(siglos VIII-IX) hasta finales de la Edad Media para el estudio, la
investigación y la predicación, por una parte. Por otra, y
paralelamente, las copias de las obras que estudiosos admiradores de san
Agustín se preocuparon no sólo de leer sino también de
extraer pensamientos y de copiar textos de sus obras, presentándolas en
forma de manuales para la gente sencilla, o como florilegios y homiliarios con
comentarios más o menos reelaborados y adaptados a las circunstancias,
en ambientes sobre todo religioso y devoto. Al principio estas obras tuvieron
una finalidad apologética y espiritual, como hicieron san
Próspero de Aquitania con sus 390 sentencias en defensa de san
Agustín, Eugipio con su florilegio, san Fulgencio en sus comentarios y
aplicaciones del pensamiento agustiniano; otros escritores elaboraron y
transmitieron comentarios sin firmar con ideas y citas atribuidas a san
Agustín, así nacieron los escritos llamados apócrifos[32].. De hecho san Agustín es considerado por
todos el culmen de la Patrística latina, que recorrió las
escuelas y métodos del saber más importantes de su tiempo en
busca de la verdad, hasta que la encuentra en la fe católica. Desde
entonces la relación entre fe y razón es central en su
pensamiento y obra, porque las dos por caminos o vías diversos le llevan
a la única Verdad. La fe por el camino de la aceptación de quien
enseña la verdad o la via auctoritatis. Que es alcanzable a todos, si quieren aceptarla con
humildad, porque es la via universalis salutis, que descubre verdades inalcanzables con sólo
el esfuerzo racional, y necesita una ayuda superior, que es Cristo, Luz, Verdad
y Camino. La razón, por el estudio y la reflexión o la via
eruditionis, no está al
alcance de todos, hace falta razonar, discurrir, que se logran con el estudio y
la formación, es via de eruditos o via paucorum.
Con todo, ante el pueblo sencillo y fiel el
Agustín más conocido es siempre el de hijo de tantas
lágrimas, el hijo de santa Mónica., convertido en predicador
ingenioso y seguro en la doctrina y en la fe. Sus coetáneos lo descubrieron muy pronto como gran
inspirador del pensamiento filosófico, teológico y religioso,
así lo reconocen y lo utilizaron, como continuador y difusor en
filosofía del pensamiento agustiniano; porque san Agustín hizo
caminar a la filosofía junto a la religión al servicio de la fe y
de la teología, cuyo proyecto o plan de formación trazado en su
obra La doctrina cristiana sería
punto de partida de la Escolástica, y de orientación en la
estructura de las escuelas universitarias medievales.
Como los escritos de san Agustín están
cargados de humanidad y de sabiduría, de tal modo que llegan
directamente al fondo y a la reflexión de la verdad, se hacen
imprescindibles en las cuestiones fundamentales; y todos de una manera u otra
acuden y se sirven de éllos; singularmente en la Orden Agustiniana, que
en cada época ha cuidado la tradición, divulgando su pensamiento
con revistas populares como Vergel Agustiniano, Santa Rita de Casia y el
Pueblo Cristiano, que han penetrado
en las familias y han despertado vocaciones atraídas por el rico
patrimonio de su Fundador;
además la lectura asidua de La Regla, Las Confesiones, los libros de espiritualidad práctica,
devota, y con gran difusión, como Soliloquios,
Meditaciones, Manual.
En el
campo de la investigación las exposiciones doctrinales, en especial de
la Escuela Agustiniana con Egidio Romano, Santiago de Viterbo, Seripando, Santo
Tomás de Villanueva, Fr. Luis de León, Noris y Berti;
también Erasmo y su escuela humanista; Lutero y sus interpretaciones,
Leibnitz, el Augustinus de Jansenio y las réplicas de su tiempo,
Bossuet, etc.; pero ha sido sobre todo en el siglo XX con ocasión de los
Centenarios agustinianos cuando se han multiplicado los estudios especializados
en diversos campos y formas con Portalié, Poujoulat, Bossier, Luis
Bertrand, que encabezan la serie interminable de estudiosos, muchos de
éllos grandes especialistas en algún tema o aspecto de san
Agustín. Además, nacieron las grandes Revistas especializadas en
estudios científicos sobre san Agustín y su doctrina; las
cátedras o Estudios Agustinianos, cursos de Agustinología, tesis doctorales
y publicaciones valiosas y artículos en los principales Diccionarios y
Enciclopedias desde 1717, en Historias de los dogmas, en Patrologías,
que han formado verdaderos especialistas en aspectos concretos o en su conjunto
sobre la obra y estilo de san Agustín, como hizo el más eminente
agustinólogo de nuestro tiempo Victorino Capánaga (1897-1983).
De hecho, desde la década de los cuarenta, al
menos en español, (Biblioteca de Autores Cristianos (BAC) 1944), san
Agustín comenzó a ser leido y estudiado en sus obras más
importantes: además de las Confesiones, los Sermones, La Trinidad, La Ciudad de Dios, La Doctrina Cristiana, Los
Comentarios a los Salmos, y a las
Cartas de san Juan[33].
En la convivencia continua con el mejor
agustinólogo, el P. Victorino Capánaga, eran
frecuentes las conversaciones sobre la biblioteca especializada en san
Agustín, que se cuidaba con esmero, porque era el instrumento principal
para la actividad literaria de la Casa: el estudio sobre san Agustín, la
publicación continua de la Revista AVGVSTINVS, y colaborar en la
edición de las Obras de san Agustín, que desde 1946 a 1967 se
venían publicando en la BAC bajo la dirección de los PP.
Félix García y Victorino Capánaga. Se habían
publicado 23 volúmenes de una selección de los escritos de san
Agustín, pero con ocasión de la tercera edición del volumen 4 en 1975 y la preparación
de la reedición de la Ciudad de Dios, en conversaciones con el P. Capánaga
surgía con frecuencia la conveniencia de publicar las Obras Completas
de San Agustín y
él aconsejaba que se tratase
antes con el P. Félix García; así se hizo, quien
aceptó complacido la sugerencia, ofreciendo todo su apoyo. Entonces de
común acuerdo se comenzó a estudiar planes y proyectos, hasta
concretarlos en un programa detallado de volúmenes nuevos, obras de cada
uno, colaboradores, normas y calendario aproximado de presentación de
trabajos, formación de la Comisión técnica responsable, y
cauce de financiación. Como por entonces se estaba configurando la
Federación de Agustinos Españoles (FAE) se presentó el proyecto,
que fue aprobado, tomando a su cargo la promoción y financiación.
De este modo prosiguió la publicación de los tomos siguientes sin
interrupción, hasta que se ha concluido toda la edición
bilingüe (latín y español) de las Obras Completas de san
Agustín con el volumen n. 41 en el año 2002.
San
Agustín, que durante 40 años fue el Pastor celoso y fiel en todos
los frentes, en la instrucción esmerada de sus colaboradores,
clérigos y religiosos, y en la formación cristiana de sus fieles, en la
polémica con los adversarios, y en la investigación,
búsqueda, y desarrollo de
la verdad conocida para todos, sigue interesando en el conocimiento continuo de
la vida humana-cristiana, para su crecimiento y madurez espiritual.
TEODORO C. MADRID
REV. AVGVSTNVS
MADRID
[1] O´Meara, J.: The Young Augustine, New York 1954.
[2] La Bonardièr.E, A.-M.: Saint Augustin et la
Bible, París 1986; De
Margerie, B.: An introduction to the History of Exegesis: Saint Augustin, vol 3, Peterson, Mass. Saint Bede´s
Publications, 1993
[3] S. Posidio, Vida de San Agustín, 28:“Lamentábase de ciertos escritos que los
compañeros le habían arrebatado de las manos antes de la
corrección…“
[4] Después
de la época de persecuciones, catacumbas y martirio viene el soplo del
Espíritu como reacción con el eremitismo de san Pablo, eremita el
año 300, y la doble dirección: el cenobitismo de san Pacomio
(hacia el año 340), y el monacato-monaquismo bien arraigado en
Occidente en los siglos IV-V,
periodo de formación en la vida espiritual y social de la Iglesia.
[5] El carisma de san Agustín (años
388-396) renueva y vigoriza la organización y la formación del
clero y del monacato por la vida común, por la cultura y por la
pastoral. De esa manera consigue formar en la disciplina, y en la pastoral
comunitarias a los formadores de las comunidades cristianas y de los
monasterios, que luego van a actuar entre la gente sencilla, que está
sufriendo las consecuencias de las
invasiones bárbaras, y la reacción del paganismo residual durante
los siglos V y VI.
[6]Madoz, J.: El concepto de tradición en san
Vicente de Lerins, Roma-Gregorianum
1933
[7] Valentin, L.: Saint Prosper d´Aquitaine:
étude sur la littérature latine ecclésiastique au 5e.
siécle en Gaule, Toulouse 1900.
[8] Barnish, S.J.B.. The Work of Cassiodorus after His
Conversion, Latomus 48, 1989,
157-187).
[9] Armstrong, A. H.: Augustine and Christian
Plationism, Villanova 1967; .Atanasio
san: Vida de Antonio, Biblioteca
de patrística 27, Ciudad Nueva Madrid; Bastiaensen, A.: Augustin et
ses prédécesseurs latins chrétiens, Paris 1987; Courcelle, P.: Les lettres grecques
en Occident. De Macrobe à Casiodore, Paris 1948; Camelot, T.: Virgines Christi: La virginité aux
premiers siécles de l´Église, París 1944; Godemet, J.: Societé et
mariage. Strasbourg 1980; Lapeyre,
G.G.: Saint Fulgense de Ruspe. Un évéque africain sou la
domination vandale, Paris 1929; Madec
Goulven, A.A.: Influencias cristianas en Agustín, en Diccionario de san Agustín, Ed. Monte
Carmelo, Burgos 2001, 718-726; MacCromack, Sabine: Influencias
clásicas en Agustín en
ibid. ,708-718; De Vogué, A.: Histoire littéraire du muviment
manastique dans l´antiquité
vol. 1 Paris 1991; Theiler, W.: Porphyrios und Augustin, Halle 1933;Testard, M.: Saint Augustin et
Cicéron, Paris 1958.
[10] Contreni, J. J.: La era carolingia incipiente en Dicc. de san Agustín Ed. Monte Carmelo,
Burgos 2001, 217-225; Kelliy J. F.: La era carolingia tardía en Ibid., 225-230 ; Riché, P. Education ad
Culture in the Barbarian West from the Sxth to the Eigth Century, Columbia S.C. 1978; De Lubac, H.: Exegése
médiévale. Les quatre sens de l´Écriture, 3 vols. Paris 1959. Con la nueva
organización monástica de san Benito (hacia el año 530) la
formación cristiana y el
apostolado de los monasterios se orienta hacia la población rural, que
es mayoría, cristianizando
a la familia, y asentando la organización de la sociedad rural, sobre
todo, durante la etapa carolingia, que perdura en todos los niveles sociales
hasta la Edad Media tardía. Predomina en toda Europa, donde se
multiplican los escritorios, las bibliotecas, las escuelas como centros de
formación y de cultura en torno a las catedrales y a los monasterios.
[11] Madec, G.: Jean Scot et ses auteurs. Annotations
Érigéniennes, Paris
1988.
[12] Evans, G.R.: Anselm, London, Castell 1989.
[13] Cfr. Tácito: Germania cc. 13-14). Práctica que van introduciendo en toda Europa las invasiones germánicas; en España desde el año 507 con los visigodos, que Leovigildo y la Lex visigotorum consiguen institucionalizar. Pero es en los siglos XI al XIII cuando florece la institución jurídica del feudo o feudalismo como régimen político-social de los paises de Europa central y occidental en la alta Edad Media como conjunto de instituciones que regularon las relaciones entre los señores y los vasallos. En lo cultural es la era peyorativa de esa época, en la cual la civilización se degradaba por el sistema de vasallaje o sumisión, y el de fuero o beneficio, casi totalmente rural, dependiendo de la suerte de los señores, que de ordinario eran caballeros-combatientes, y los súbditos-vasallos trabajadores-campesinos, que debían mantener a los señores, eclesiásticos y orantes; a cambio, éllos debían defenderlos.e instruirlos. Los esclesiásticos se compònían del clero secular, dividido en categorías: los obispos como jefes-señores, la curia a su servicio, los párrocos rurales, de escasa cultura, al cuidado espiritual de los burgos y poblaciones; el clero regular, exento de la jurisdicción de los obispos, desde Carlo Magno sometido de hecho a la primitiva regla de san Benito en sus variadas formas, pero todos como benedictinos ( Cfr. M. Bloch: La sociedad feudal). El peligro de este sistema vino de la confusión entre cargo eclesiástico y fidelidad fe