¿DÓNDE Y CÓMO SAN AGUSTÍN, HOY? *

 

La conclusión de la publicación de las Obras de san Agustín, en la Editorial - Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), con el volumen n. 41, serie normal n. 621, LOS APÓCRIFOS O ESCRITOS ATRIBUIDOS A SAN AGUSTIN de 950 páginas, sugiere un impulso nuevo en el estudio de san Agustín con una interrogación: ¿Dónde y cómo están los estudios de san Agustín hoy? ¿Qué está faltando para profundizar en el contenido de su pensamiento? Planteamiento que se puede valorar con preguntas concretas, como: ¿ Cuáles han sido el itinerario y los avances históricos que más firmemente han logrado el desarrollo del pensamiento de san Agustín hasta finales del siglo XX?

 

1. Preámbulo

 Un hombre tan antiguo como san Agustín, nada menos que del siglo IV-V, con quince siglos de presencia ¿qué tiene para no envejecer, y seguir atrayendo a tantos en todos los tiempos, y en particular en el nuestro? . Además, siendo del norte de África, entonces rica provincia romana con geografía, historia, sociedad de ciudadanos y esclavos, de patricios y plebeyos, de magnates senadores y de servidores artesanos, con medios y formas de vivir tan diferentes a los nuestros ¿cómo este hombre se ha hecho tan atrayente, y de qué se ha servido para ser siempre actual, e interesar tanto?.

 

2. El contexto

Es verdad que Agustín vivió y se formó antes de que se extinguiera el esplendor y la grandeza del inmenso patrimonio del Imperio Romano con sus adelantos, cultura, organización, comunicaciones, unidad polítíca, social, geográfica, religiosa, y católica, de tal modo que el norte de África llegó a ser considerado rival de Roma por su arte, ingenio, cultura, valor, riquezas e influencia social;  y pronto fue protagonista sobresaliente con grandes mártires, apologistas, obispos y escritores. Por otra parte, la tensión racial y nacionalista estaba muy presente en la sociedad contra la presencia romana, incluso con ataques violentos, así como la amenaza creciente de los bárbaros a lo largo de las fronteras del Imperio. Todo esto lo vivió san Agustín, y fue testigo, actor y personaje influyente en muchos casos, como en las controversias maniquea, donatista, pelagiana, arriana, pagana, judía, con intervenciones decisivas en muchos Concilios; además, fue también cronista singular de la descomposición progresiva del Imperio, de la invasión de los bárbaros, del saqueo de Roma en año 410, y de la ocupación del norte de África, sufriendo el asedio de Hipona el 429-430. Período muy agitado y violento el suyo con tensiones raciales, religiosas y políticas, que, leyendo a san Agustín, se perciben como contexto en la Ciudad de Dios, y en los comentarios de los Sermones con problemas y preocupaciones agobiantes de la vida diaria en la familia, en los negocios, en el comportamiento moral, religioso con las intrigas de los herejes y cismáticos maniqueos, donatistas, pelagianos, judíos y paganos. En este ambiente tan difícil san Agustín supo llevar con celo la carga episcopal, iluminando con serenidad casi todos los problemas de su tiempo, a la vez que profundizaba en las grandes verdades, como vida-muerte, bien-mal, verdad-error, justicia-pecado, gracia-salvación; en una palabra, repasó los valores y contravalores de siempre que perviven en la humanidad, y se reviven generación tras generación.

 

De ahí el que las preocupaciones y las orientaciones de san Agustín lleguen a los hombres tan de cerca que cualquiera, sea joven o viejo, queda impresionado al verse reflejado en su obra, y comprender, en sus luchas y ambiciones, los porqués y su desenlace, como en el problema de la existencia del mal por la responsabilidad de cada uno en sus acciones; el origen del mal desde el fallo o desorden de la criatura inteligente y sus consecuencias de privación de bien, las incertidumbres, sentimientos, miedos. Experiencias éstas vividas, contrastadas y transmitidas por Agustín como retrato de todos para conocernos y llevar la esperanza incluso a los más deprimidos y empecatados por su defensa genial de la gracia del único Mediador, Jesucristo, centro, camino y plenitud del plan de Dios, para recrear su obra por el anonadamiento inaudito e inefable de la Redención. Luego, el sentido de la vida con la inquietud positiva en el conocimiento de la verdad y del bien, ante la fascinación de la belleza de la creación, para alabar y contemplar tantas maravillas del Creador; y de ahí trascender al mundo iluminado interior, y navegar hacia Dios hasta descansar en Él, uno y trino, origen, meta. Las Confesiones y las Retractaciones, por ejemplo, además de biografía, son testimonio vivo y repasado del  peregrinar del hombre, en esa búsqueda incesante y sincera de la felicidad por el conocimiento y el amor personalizado en cada uno, con la presentación de los grandes misterios: La Trinidad, la lucha-victoria en la Ciudad de Dios, la participación en la vida real con los Sermones y las Cartas.

 

San Agustín, como escribió, discurrió y polemizó tanto, es el primer crítico objetivo de sí mismo, que confronta su vida entera consigo mismo y con las críticas de su tiempo, no siempre objetivas, y muchas veces tendenciosas, como ocurre también hoy; pero san Agustín es siempre dialogante, porque está seguro, y quiere siempre que la verdad hallada triunfe en todos.

 

San Agustín vivió todo esto, y lo supo reflejar de un modo tan vivo, dinámico y emotivo que hace muy interesante cuanto toca, y es estudiado de manera especial  hoy por muchas razones. En primer lugar, porque tenemos a nuestro alcance todos los escritos de san Agustín, no sólo con las ediciones típicas y las traducciones vernáculas, sino también con la informática, el internet, y el CDRom. En segundo lugar, porque son muchos los estudiosos que profundizan en la lectura y conocimiento de sus escritos en diferentes áreas con interpretaciones y pareceres distintos, que enriquecen la cultura continuamente. En tercer lugar, porque se publican e intercambian estos conocimientos de san Agustín con rapidez, respetándose y completándose entre sí. El catálogo de estudios científicos sobre san Agustín engrosa cada año una media de cuatrocientos títulos nuevos entre libros, tesis doctorales, artículos especializados. Se editan periódicamente revistas dedicadas exclusivamente a estudios sobre san Agustín, que tienen intercambio con otras de su nivel en el mundo entero y reciben otros tantos libros nuevos al año, que envían las editoriales para recensión. Nuestra Revista AVGVSTINVS, por ejemplo, tiene ya editados 46 volúmenes de 400 páginas cada uno y 185 números trimestrales, donde han colaborado hasta el momento actual 420 autores distintos con más 800 artículos originales sobre distintas materias agustinianas; además, funciona la editorial AVGVSTINVS con un fondo de obras interesantes en su género. Para desarrollar todo este trabajo se cuenta con  espléndidas bibliotecas totalmente especializadas en san Agustín; se están editando en lenguas vernáculas diversas las Obras Completas de San Agustín; hay fundados Institutos de Agustinología, cursos académicos, y  congresos para fomentar, dirigir y coordinar los estudios agustinianos en distintos campos del pensamiento.

 

Uno de los campos de mayor atención actualmente es la Hermeneútica de san Agustín en sus obras: La doctrina cristiana para el estudio e interpretación correcta de la Sagrada Escritura; los Comentarios a los Salmos, los Sermones y las Cartas.

 

3. La historia

Con el año 386 se inició en Agustín una reacción profunda con preguntas fundamentales de antropología, de filosofía, de gnoseología total que le llevaron a superar las bagatelas del materialismo, la incertidumbre y el agnosticismo de los académico[1] .Desde aquel verano los libros platónicos, la lectura de san Pablo, la predicación de san Ambrosio, las conferencias asiduas con Simpliciano, Ponticiano y el círculo de amigos de Milán tienen punto de inflexión en Agustín que inician en él una etapa nueva de reflexión consigo mismo extraordinariamente sincera y fecunda. La autocrítica en el análisis de su vida fue disipando las tinieblas en varias direcciones: el pensamiento filosófico sobre el ser, la verdad, el bien y el mal, la rectificación sobre lo que es la Iglesia Católica, la superioridad de los valores morales: honradez, veracidad, castidad, la lectura más serena y sin prejuicios de la Biblia, el realismo cristiano… son pasos de capital interés en su vida. Muy pronto la eficacia de la escena del jardín con la intervención de la gracia del Toma y Lee, y como respuesta la actitud heroica por la renuncia radical a todo: cátedra, porvenir profesional y cortesano, matrimonio, el retiro de Casiciaco y la preparación a conciencia para el Bautismo inauguran el periodo de regeneración integral muy rigurosa de toda su persona. Desde el bautismo Agustín es otra criatura, que florece y fructifica en el jardín monástico de la Iglesia como siervo de Dios. Los frutos cada vez más sazonados, espléndidos y copiosos durante toda su vida lo van a ir demostrando.

 

En efecto, Agustín cristianiza la filosofía, el pensamiento platónico, comienza la formación bíblica y la reflexión teológica. Sus escritos son obras de un maestro que enseña a discípulos familiares, y a la vez a un auditorio muy diverso que se puede clasificar en cuatro secciones: 1º el de los discípulos de nivel universitario con las primeras obras como los Diálogos de Casiciaco, las intervenciones en los Concilios y en las Controversias públicas con interlocutores muy preparados y grandes adversarios. 2º a los siervos de Dios, a quienes forma diariamente en sus Comunidades con el Directorio, La Regla, las 83 Cuestiones diversas. Las Confesiones, las Retractaciones, la Doctrina cristiana… 3º a personas cultas e influyentes con su doctrina, a quienes dirige Cartas y las Obras de las controversias, incluidas La Trinidad, la Ciudad de Dios, en defensa de la verdad. 4º al gran público o auditorio de todas las clases sociales como en la predicación, donde aparece reflejada por una parte la heterogénea y embrollada vida social, y por otra la vida creadora y efervescente de Agustín, que recorre un camino de observación, investigación, y reflexión teológica con metodología técnica y hermenéutica diferente, según el contexto de cada caso para su interpretación correcta[2];

 

4. La transmisión de los escritos de Agustín.

¿Por qué san Agustín ha interesado tanto, y sigue interesando en cada momento de la historia, de modo especial hoy?

San Agustín interesa siempre, cuando escribe y cuando habla, porque influía desde Hipona con su doctrina en todo el Imperio Romano de tal modo, que, como en su tiempo se hacían imprescindibles sus  obras, y los taquígrafos y los escritorios copiaban y transcribían sus palabras y escritos para enviarlos por distintas partes y a destinatarios diferentes, desde entonces hasta hoy se han hecho imprescindibles la transcripción y la retransmisión de códices manuscritos, y ha seguido siendo continua la edición de sus obras después de la imprenta. Y, aunque a veces san Agustín se quejaba de que escritos suyos eran enviados sin haberlos revisado[3], de hecho, los escritos de Agustín no han cesado nunca de ser copiados, leídos, y comentados hasta nuestros días según los periodos históricos, que pueden dividirse en cinco, prácticamente con los impulsos nuevos de renovación en la Historia de la Iglesia.

 

LOS CINCO PERIODOS HISTÓRICOS[4]

 

El primer periodo

El primer periodo, que comprende los siglos V-VII[5], comienza en vida de san Agustín con la catalogación y el ordenamiento de sus escritos para reproducir y recopilar textos, elaborar manuales-guía de su pensamiento y formar florilegios, sermonarios… El mismo Agustín inicia este género con las Catequesis a principiantes (399), el Enquiridión…o Manual de la fe (421-422), las Herejías (428-429) o catálogo de los errores contra la fe. Sus discípulos, sobre todo sus Comunidades monásticas, defensores y estudiosos de su doctrina, copian y propagan sus escritos por todo el Mediterráneo, formando colecciones de textos, como hicieron desde sitios diversos san Paulino de Nola, (390-431), muy relacionado con san Agustín, propagador de sus escritos y monacato; san Vicente de Lerins (+ hacia450), con su Commonitorio o Manual, escrito en 434, tres años después del Concilio de Éfeso (431)[6].; san Próspero de Aquitania (390-455)[7], defensor de la doctrina de san Agustín., con las 390 sentencias o textos, los Epigramas, el Compendio -Manual; Eugipio (470-540) con los 350 pasajes agustinianos, obra alabada por Casiodoro (487-540)[8] fundador del monasterio de Vivarium con una biblioteca rica en manuscritos antiguos de autores paganos y cristianos; y Boecio (480-524), traductor de Aristóteles y transmisor del pensamiento antiguo. Los dos han transmitido el legado cultural romano como intermediarios entre la cultura greco-latina y la medieval.

 

Con la invasión de África por los bárbaros desde el año 430 las comunidades agustinianas son molestadas, perseguidas progresivamente y exclaustradas de manera que se ven obligadas a huir, y entonces llevan consigo las bibliotecas a Italia, España , sur de las Galias, Centroeuropa, donde comienzan a consultar a san Agustín, y a formar sobre todo Sermonarios, primero con introducciones adaptadas, breves exposiciones de los sermones, mutilaciones, resúmenes y reelaboraciones como las hechas por san Cesáreo de Arles (470-543), san Gregorio Magno Papa (540-606); san Isidoro de Sevilla (560-636), que acercan  san Agustín a la Edad Media con escuelas clericales y monásticas, bibliotecas y enciclopedias como las Etimologías de san Isidoro, y las Colecciones canónicas como la Isidoriana o Hispana, hacia el año 600[9]

 

Periodo segundo

El segundo periodo[10], siglos VII-XII, es de transcripción y difusión de manuscritos. En él se discute la relación entre la autoridad y la razón, iniciándose la fundamentación de la Escolástica como estudio racional de la dogmática cristiana en las escuelas eclesiásticas con comentarios, disputaciones, sumas…Comienza con san Beda Venerable (672-735), transmisor de la cultura patrística y gran copilador de textos de san Agustín. Se desarrolla en la era carolingia (750-950) con Carlo Magno (742-814), forjador del Occidente cristiano y Alcuino (735-804), discípulo de san Beda, que  promueve la cultura eclesiástica inspirada en san Agustín, renovándola con el Trivium-Quadrivium en su escuela y con discípulos, como Rabanno Mauro (784-836), quien a su vez programa la formación de bibliotecas de carácter enciclopédico. Escoto Erigena (810-877)[11], de la escuela palatina carolingia, considerado “padre de la Escolástica”, inicia la sistematización de la reflexión teológica como filosofía verdadera de la religión verdadera, y propone su sistema racional para tratar los dogmas teológicos, hasta el realismo de Lanfranco de Canterbury (1006-1089), y su discípulo y continuador san Anselmo de Canterbury (1005-1109)[12], el mejor representante de la baja Edad Media y del realismo cristiano, que trabaja por la síntesis del aristotelismo y el platonismo, y formula y desrrolla el principio fides quaerens intellectum de resonancias agustinianas: por la filosofía al servicio de la teología.

 

La era feudal

Ahora entra la era feudal[13],  La era feudal tiene su origen en las relaciones de dependencia personal entre el príncipe y sus acompañantes (comites o condes) de los primitivos pueblos germánicos donde por razones complejas se degrada la cultura, en los oscuros siglos XI-XII sobre todo, y para evitar la censura proliferan las elaboraciones de manuscritos apócrifos, protegidos con la autoridad de san Agustín. También surgen la formación de Colecciones menores muy importantes, como la Tripartita, el Decreto, y la Panormia de Ivón de Chartres (1040-1116), la del maestro Pedro Lombardo (1100-1116), escolástico medieval y discípulo de Hugo de san Víctor, autor del libro de las Sentencias; el Decreto de Graciano (hacia 1150), monje cisterciense, y la Concordancia, textos medievales del Derecho Canónico con las famosas Auctoritates, donde destaca la influencia de los textos de san Agustín[14]; la obra de Pedro Abelardo(1070-1142) y su método de Cuestiones y Tratados. A la doctrina de san Bernardo de Claraval (1091-1153), reformador del Císter, promotor de la enseñanza de los clérigos, defensor de la fe sobre la razón, contra la razón frente a la fe de los dialécticos; se suma la contemplación como visión intelectual de Dios, la del éxtasis como fusión del alma con Dios, y la de la colaboración de la voluntad con la gracia divina. Por último, Hugo de san Víctor (1097-1141). coetáneo de san Bernardo, filósofo, teólogo escolástico, y místico destacado, gran maestro en sabiduría y santidad, tuvo como axioma de su escuela: saber es creer y creer es amar. Se le atribuyen muchas obras apócrifas. En la exposición de su doctrina se apoya preferentemente en san Agustín por su ingenio y por su ciencia; se considera discípulo suyo, y se le llamaba “un segundo Agustín”, a quien sigue no sólo indirectamente a través de los Santos Padres y de los grandes Maestros de la Escolástica, sobre todo de san Anselmo  y de san Bernardo, sino también directamente por el conocimiento  y la utilización que hacía de sus obras. Reconoce a san Agustín como la primera autoridad, le cita más de doscientas veces, e imita su estilo en frases y erudición; aunque no fue el creador del método escolástico, supo hacer la síntesis  dogmática más completa de su tiempo.

 

Periodo tercero

El tercer periodo, siglos XII-XVI[15], es de estudio y enseñanza planificada del fundamento racional de la dogmática cristiana. Se alcanza así la cumbre de la Escolástica, como conjunto de sistemas filosóficos, que estudian el fundamento racional de la fe y de sus contenidos . Puede dividirse en dos grande estapas:

 

La primera etapa o Escolástica temprana[16]. llena magistralmente los siglos XII-XIII con figuras estelares y obras definitivas, como las grandes Sumas y comentarios o prelecciones de cada tratado en filosofía y teología realizados por Maestros sapientísimos y santos: como san Alberto Magno (1206-1280), filósofo, teólogo, naturalista y aristotélico; su discípulo egregio, santo Tomás de Aquino (1224-1274), intelectualmente mezcla de aristotelismo y de platonismo. Es gran discípulo de san Agustín, que sabe encontrar fórmulas filosóficas acertadas al servicio del dogma. Si san Agustín es el sabio en quien culmina la teología de las Escrituras y de los Santos Padres, de quien procede la teología de la Escolástica, Santo Tomás de Aquino supo captarlo, y asimilarlo como ninguno. En la historia del pensamiento san Agustín ocupa un puesto firme a partir del núcleo filosófico Aristóteles-Platón que él eleva con la inculturación fundamental del cristianismo. Y en el modo de pensar de Santo Tomás de Aquino aparece el modo de pensar de san Agustín, de manera que el modo de pensar de san Agustín se prueba por el modo de pensar de Santo Tomás. Pero son dos ritmos distintos de pensar, donde Santo Tomás, con su filosofía al servicio de la teología, es la madurez humana de san Agustín.

 

Junto a santo Tomás de Aquino está san Buenaventura (1221-1274)[17] seguidor de san Agustín en la filosofía platónica, en la espiritualidad con su Itinerario del alma hacia Dios. En su pensamiento está muy relacionado con el también franciscano Alejandro de Alés (1185-1245), quien intentó conciliar la filosofía de Aristóteles con el platonismo para exponer la teología con principios filosóficos sólidos y realistas, preludio del agustinismo de las Cuestiones y Sumas en la enseñanza muy afín al crede ut intelligas agustiniano en san Anselmo de Cantorbery. Duns Escoto (1266-1308), franciscano escocés, muy crítico con el tomismo, es uno de los más importantes filósofos de la Edad Media con santo Tomás de Aquino, y con Guillermo de Occam, renovador del agustinismo, que comentó al Maestro de las Sentencias, y que con san Buenaventura revive a san Agustín, cuando está decayendo la egemonía del Sacro Imperio Romano carolingio.

 

También destacan en esta etapa franciscanos de talla universal, como Raimundo Lull (1233-1316), llamado “doctor iluminado” con su teología apologética basado en el realismo cristiano neoplatónico de corte agustiniano configurado ya en el siglo anterior, siglo XII, quien hace revivir, crtistianizado el viejo ideal aristotélico. Y, Guillermo de Occam (1280-1350), franciscano inglés, filósofo y teólogo muy discutido y crítico con el tomismo y con el agustinismo, con teorías singulares, como sobre el Dios iluminante, las ideas ejemplares…

 

En la segunda etapa, o Escolástica tardía[18], .siglos XIV-XVI, culmina la formación de la escuela agustiniana, iniciada en la etapa anterior con los agustinos: el célebre Egidio (Gil) Romano (1245-1316), discípulo aventajado de santo Tomás de Aquino; Santiago de Viterbo (1255-1307), discípulo de Egidio Romano, y propagador de la doctrina agustiniana; Gregorio de Rímini (+ 1358), considerado como el mejor expositor del pensamiento de san Agustín en teología; el canciller de la Uinversidad de París Juan Gersón (1363-1429), maestro de la vida espiritual; y el gran Jerónimo Seripando (1492-1563), promotor de los estudios agustinianos.

En el siglo XV la legislación de la Orden de san Agustín recoge el despertar del Agustinismo desde las Constituciones Ratisbonenses de 1290, apoyadas en el Capítulo de Florencia de 1267 para prescribir y acompañar el estudio de la doctrina de san Agustín según el magisterio de la Escuela Agustiniana. En ello  insistirán el Capítulo de 1539, las Constituciones de 1551, las de 1581, y ordenando su cumplimiento y metodología detallada en su enseñanza las Constituciones de Agustinos Recoletos de 1745.

 

Por otra parte, desde finales del siglo XIV se venía preparando y restaurando en las Universidades la decadencia de la Escolástica tardía con la transición hacia la comprensión de la filosofía moderna[19] En todo este tiempo se multiplican las síntesis y la exposición de la doctrina agustiniana sobre las cuestiones fundamentales en los tratados filosóficos, teológicos, canónicos, políticos y de espiritualidad. A mediados del siglo XVI el Concilio de Trento dio un nuevo impulso[20], estimulando a los teólogos a profundizar en el estudio de la Biblia y en la patrística. Esto obligó a releer y revivir los escritos  de la Escritura y de los Santos Padres, sobre todo de san Agustín en las controversias pelagiana y donatista contra la reforma luterana, la gracia, los sacramentos, la Iglesia. Se formó la Congregación de auxiliis (1597) para hacer frente a las interpretaciones desviadas. Entonces brilló san Agustín con luz propia nuevamente, como doctor seguro e indiscutible de la gracia en los grandes centros universitarios como Lovaina, París, Salamanca, Alcalá de Henares.

 

Es en este siglo XVI y mediados del XVII, llamado siglo de oro español, cuando surge con mucha solidez y fuerza la renovación y el esplendor de la teología con los grandes Maestros de la Escuela Salmantina, principalmente con los Dominicos: Francisco de Vitoria (1492-1546) en 1526, Domingo de Soto(1495-1560) en 1532, Melchor Cano (1509-1560), Domingo Báñez (1528-1604).

 

Y con los Agustinos: Juan de Guevara (1518-1600), Fr. Luis de León (1527-1591), Pedro de Aragón (1545-1592), Agustín Antolínez (1554-1626), Basilio Ponce de León (1570-1626), quienes vigorizan la teología positiva con el estudio de la Biblia y de la Patrística en defensa de la fe frente a la decadencia de las escuelas y a las desviaciones del pensamiento y del texto agustiniano, contra la apostasía y el cisma de Lutero (1483-1540). (Lutero, M.: Luther´s Works, 55 vols. Ed. Jaroslav Pelikan, Saint Louis-Philadelphia 1958-1986).

 

Además la utilización de la imprenta, desde 1445, facilita ahora la difusión de los incunables, y rescata la conservación de los códices manuscritos, porque entran de lleno las impresiones y ediciones de las Obras Completas de san Agustín, que hacen a los siglos XVI y XVII los siglos de oro de las Ediciones-Príncipe.

 

Las Ediciones

 En efecto, con la ayuda de la imprenta (1445) ya en el siglo XVI, el Concilio de Trento sobre todo contribuyó al resurgimiento de los estudios patrísticos que estimularon el comienzo de las grandes Colecciones y Ediciones sobre los santos Padres para el estudio de la teología positiva. En este aspecto suelen distinguirse cuatro momentos importantes: en el siglo XVI, las Ediciones críticas humanistas y renacentistas iniciadas por Erasmo. Desde la edición primera de Amerbach-Bâle en 1506 han salido a la luz las Ediciones principales siguientes: la Edición de Erasmo en 1528-1529 en diez volúmenes, eliminando muchos códices manuscritos apócrifos; edición que ha sido reimpresa varias veces en París, Viena, Lyon, con indicaciones muy valiosas en el aparato crítico para discernir las obras auténticas agustinianas de las atribuidas o apócrifas. La Edición de la Universidad de Lovaina o Lovaniense en 1576-1577, que supone un progreso inmenso, aunque pudieron contrastar solamente algunos manuscritos a su alcance en Flandes, edición que será utilizada en los siglos XVII y XVIII. Las Ediciones de los manuscritos e incunables, preparadas principalmente por los benedictinos de la Congregación de san Mauro o los Maurinos; esta edición crítica sustituye a las anteriores en los años 1677-1700. Es la edición más completa, trabajada en equipo para lograr recuperar, contrastar y clasificar centenares de códices manuscritos nuevos. además va enriqueciendo cada edición con obras nuevas, y pone  las obras apócrifas en los apéndices de cada tomo. Ha tenido numerosas reimpresiones en Venecia, Paris, Lyon, Colonia…, incorporando cada vez obras y manuscritos nuevos en los Suplementos. Esto favoreció extraordinariamente la divulgación de las obras agustinianas, y facilitó a los estudiosos su trabajo de lectura e investigación[21] . Labor impagable la de los Maurinos, que facilitaron casi todo el trabajo, al recoger cuanos códices manuscritos pudieron. Y los publicaron en 18 volúmenes de las Obras Completas de san Agustín, 1706-1736, para abrir el camino esplendoroso del periodo cuarto.

 

Periodo cuarto

 En los siglos XVII-XVIII arranca el periodo cuarto [22], y en él se desarrolla la filosofía y teología modernas[23]  que tiene muy en cuenta la doctrina de san Agustín. Así Descartes, René (1596-1650) en su renacimiento moderno del conocimiento y de la metafísica, a través sobre todo de san Anselmo de Caterbury, tiene presente la influencia agustiniana, que en sus escritos renueva el pensamiento de san Agustín (In Io ev 23,10) como Padre de la interioridad, de la filosofía cristiana (Solil. 1,2,7; Confes. 4,11; De vera relig. 39,73; De quant. Animae 33,76; 36, 80; De beata vita 4,33; De lib, arbit. 2, 2, 30), y llega hasta la postmodernidad. Lo mismo le ocurre a Leibniz (1546-1716) en su campo, como iniciador del trabajo en equipo, con la idea del lenguaje formal de validez universal; y en su Enciclopedia del saber humano.

 

 En el ámbito teológico comienza a hacerse la síntesis y aplicación de la doctrina agustiniana a los tratados filosóficos, teológicos y de espiritualidad. La interpretación del Augustinus del holandés, Cornelio JANSENIO (1585-1638)[24]. es otro paso más en el método y estudio de san Agustín, porque leyó diez veces todos los escritos de san Agustín, y hasta treinta veces los escritos sobre la gracia y el pelagianismo; también estudió a sus discípulos y defensores, san Próspero de Aquitania (390-455) y san Fulgencio de Ruspe. Además extractó cuidadosamente de los escritos de san Agustín lo que le sirvió para el plan del Augustinus, que era volver a la austeridad primitiva y a la doctrina pura de san Agustín. Jansenio  recomienda su obra Augustinus como expresión exacta y fiel de los sentimientos de san Agustín. Fue publicada en París el año 1641, tres años después de su muerte. Consta de tres tomos: el tomo I con ocho libros sobre la historia del pelagianismo en todas sus fases, y del semipelagianismo; el tomo II, también con ocho libros sobre la gracia del primer hombre y de los ángeles, en oposición a los errores del pelagianismo y del semipelagianismo; el tomo III con nueve libros sobre la gracia del Salvador. Es la parte principal. Contiene exageraciones y errores que fueron condenados por la Santa Sede en 1677; en especial cinco proposiciones, que según Bossuet “son el alma del libro Augustinus, porque en éllas está todo el libro, y el libro entero no es otra cosa que estas cinco proposiciones[25].

 

Pascal Blas (1623-1662) se propuso repensar la teología desde la fidelidad a la tradición evangélica, bíblica, agustiniana, patristica y litúrgica, lex orandi lex credendi, porque la Biblia y la liturgia están llenas de comentarios que invitan a reflexionar sobre los textos sagrados, donde se ve reflejada la doctrina agustiniana sobre los problemas principales en los Comentarios a los Salmos y Tratados de san Juan. Está influido por Jansenio; y a través de san Bernardo de Claraval descubre a san Agustín en su controversia contra el pelagianismo, como maestro realista de las antítesis (In Ps 134, 16- los abismos), contra los radicalismos donatistas, padres del jansenismo, como maestro de la clemencia (In Ps 63, 3- la mezcla de las cosas temporales), y de la tolerancia (In Ps 50,24 -entre los malos), la paz superior (In Ps 91, 8, 10)[26]

 

 Bossuet Jacques-Benigne (1627-1704), francés, teólogo y apologista contra los errores de Jansenio en su Augustinus, contra los protestantes y los pietistas de Molinos, defensor de la tradición y de los Santos Padres, de san Agustín sobre todo[27].

 

 Entre los Agustinos, destacan los cardenales Enrique Noris (1631-1704) con la Historia pelagiana y la gracia, Juan Lorenzo Berti (1692-1766) con la Vinditiae augustinianae, que corrigen interpretaciones falsas sobre san Agustín, defendiendo su doctrina y ortodoxia. Los Padres Priores Generales[28]: Bellelli, Fulgencio (1726-1733), que defendió la profundidad de la doctrina de san Agustín, y la obra de Noris; Schiaffinati Nicolás Antonio (1745-1739) publicó un manual de teología según san Agustín, y defendió la tradición angustiniana de Juan Lorenzo Berti en Roma; Gioia Agustín (1745-1751) presentó la obra De theolicis disciplinis 1753-1785; formó la Biblioteca Agustiniana, y fomentó la Escuela Teológica Agustiniana; el mejicano Vázquez Francisco Javier (1753-1785), gran defensor de Noris y de la Escuela Agustiniana.

 

Periodo quinto

EL quinto Periodo, XIX-XX[29], se distingue por promover los estudios científicos con libros, tesis doctorales, artículos sobre los escritos de san Agustín con dos etapas claramente diferenciadas:

La primera etapa, en el siglo XIX, se carecteriza, sobre todo, por la publicación de la monumental Patrología de Iacques Paul MIGNE, titulada Patrologiae cursus completus, serie latina (PL), con 217 volúmenes más cuatro de Índices entre 1844-1868, que recogen 221 autores desde Tertuliano hasta Inocencio III; a los que hay que añadir el Suplemento de nuevos volúmenes que actualizan y revalorizan la Colección todavía insustituible para los estudiosos. Migne  presenta en todas las obras las ediciones mejores, y trae notas introductorias o advertencias orientadoras que han formado y continúan formando a estudiosos, teólogos, historiadores…Obra monumental que perfecciona y completa la edición-príncipe de los Maurinos hasta el XV Centenario de la fundación agustiniana en el año 1888, y que ha facilitado el estudio y la publicación de los primeros escritos monográficos sobre el contexto histórico, geográfico y literario de la vida y obras de san Agustín. Recoge las Obras Completas de San Agustín, las auténticas de san Agustín, y las apócrifas o atribuidas, en 16 tomos con Suplemento e Índices (1844-64)[30]. Finalmente, con los siglos XIX-XX entra en acción el trabajo en equipo con la experiencia y los medios modernos para editar las Colecciones típicas: Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum (CSEL) desde 1865, y Corpus Christianorum Latinorum (CCL) desde 1953, que restablecen los textos críticos más originales, y que además se completan con las Clavis Patristica Pseudoepigraphorum (CPP) de Machielsen en 1990 y Clavis Patrum Latinorum (CPL)  de E. Dekkers en 1995.

 

La segunda etapa abarca todo el siglo XX con las celebraciones de los Centenarios de la muerte (430-1930), del nacimiento (354-1954), conversión y fundación agustiniana (386-388, 1986-1988), que fueron ocasión principal para celebrar Congresos científicos, promover el estudio, la preparación y publicación de concursos, tesis doctorales, trabajos monográficos sobre diversos temas en torno a san Agustín, y sus enseñanzas; planificación y comienzo de de las traducciones y ediciones bilingües de las Obras Completas de san Agustín en las principales lenguas modernas , como la francesa Oeuvres desde 1949 en Bibliothèque augustinienne (BA), París, todavía sin terminar; la española desde 1946 en la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid, con 41 tomos, terminada en 2002; la italiana en Nuova Biblioteca Agostiniana (NBA) Roma, desde 1965, aún sin terminar; la portuguesa desde 1994 en Coleçâo Patristica, y la norteamericana, sin terminar; la publicación de enquiridiones; la fundación de Revistas especializadas en estudios sobre san Agustín, como  Études Augustiniennes en 1955, París, y Recherches Augustiniennes para investigaciones y obras monográficas especializadas en san Agustín; la Revista Avgvstinvs en 1956, Madrid y la Editorial y Colección Avgvstinvs para la publicación de trabajos especializados. Otras Revistas Agustinianas con un criterio más liberal, pero que publican artículos relacionados con san Agustín y sus enseñanzas, como La Ciudad de Dios, Religión y Cultura, Revista Agustiniana, Estudio Agustiniano, Augustinianum, Augustinian Studies. La media de publicaciones es de entre 300 y 400 títulos nuevos cada año. Es la etapa más fecunda, etapa de maduración y profundización en el planteamiento metódico de los estudios agustinianos, con un alto nivel reconocido en campos diversos de la Agustinología, como pioneros Portalié, Gradwodski, Priztwara, Cayré, Van der Meer, Brown, Capánaga, Verheijen, Wiltmar…, verdadero punto de arranque hacia la sistematización del pensamiento agustiniano en cada tema tratado por éllos. Etapa de maduración y profundización en el planteamiento metódico de los estudios agustinianos con el alto nivel que representan ilustres agustinólogos en la publicación de obras interesantes[31]

 

Los Resultados

Como balance universal de la presencia e influencia de san Agustín en la historia y cultura de la humanidad, sobre todo de la Iglesia, dan idea aproximada las cifras siguientes: desde que Agustín comienza a publicar con los Diálogos de Casiciaco en noviembre del año 386, a los treinta y tres años de edad, hasta nuestros días han sido más de 50.000 los títulos publicados por estudiosos sobre sus escritos, y   más de 8.000 los autores que han escrito sobre san Agustín en distintas áreas del pensamiento humanístico, filosófico, teológico, antropológico, sobre problemas y preguntas fundamentales. San Agustín ha transmitido enseñanzas  de un modo tan personal que es estudiado con interés, y se hace atrayente, porque supo integrar toda la verdadera cultura humana, aunque fuera pagana, en la formación cristiana por el principio de integración e inculturación que formula al “despojar a los egipcios de sus joyas” en frase suya (De Doctrina christiana 2,40.60-61), esto es, al aprovechar y utilizar los dones y recursos naturales que Dios creó para todos, y ponerlos al servicio del único Dios verdadero. Y esto no sólo directamente con sus escritos auténticos, sino también indirectamente con su influencia y autoridad a través de comentarios y reelaboraciones que otros han hecho de su pensamiento sin firma alguna o apócrifos, pero atribuídos a san Agustín. De estos manuscritos o códices están reconocidos más de 3.000. El volumen n. 41 de sus Obras Completas que BAC acaba de publicar recoge solamente catorce obras, como más representativas de esta influencia y autoridad de san Agustín, sobre todo en la Edad Media.

 

Según esto, como balance: ¿qué obras de san Agustín, qué temas y planteamientos sobre su pensamiento se considerarían como esenciales? ¿Quedan aspectos fundamentales por estudiar en el campo fecundo del pensamiento y del lenguaje greco-romano que orientó a Agustín hacia la sabiduría y el encuentro definitivo con la Verdad para que reine en todos?

 

5.-Proyecto

Finalmente, al comenzar el nuevo siglo XXI, cabe plantearse la siguiente interrogación: ¿Hacia dónde hay que orientar hoy los estudios sobre san Agustín, y qué falta por releer y repensar para conocer en profundidad el contenido doctrinal de sus escritos?  Porque hasta ahora san Agustín ha sido estudiado en sus escritos bajo la influencia neoplatónica con la expresión y el lenguaje greco-.romano ( cfr. Confesiones 3,4). Sin embargo, el itinerario de su orientación filosófica fue muy corto: lo recorrió en poco tiempo antes de su conversión,y solamente con destellos: del Hortensio de Cicerón, unos meses en el año 372-373, de las Categorías de Aristóteles el año 381; y desde el verano de 386 hasta la primavera del 387 con el neoplatonismo. Por tanto la formación filosófica inicial de Agustín se condensa en la influencia de escritos de Cicerón y Varrón, algunos libros de los neoplatónicos, sobre todo de Plotino, el círculo de amigos de Milán, y las predicaciones de san Ambrosio de Milán en la primavera del año 386.

 

En cambio, a partir de su preparación para el sacerdocio el año 391, con un retiro para estudiar las Sagradas Escrituras, ya durante toda su vida, más de cuarenta años, como sacerdote y obispo, no va a dejar de estudiar, de hablar y de escribir a la luz de la palabra divina, “con voz fuerte, alto y claro, me has hablado en mi oído interior”, dice en las Confesiones 12,11,1. Y entonces surge la pregunta: ¿cuál es el contenido semítico bíblico de estas lecturas y su estudio y el sentido en los escritos de san Agustín?. Desde el comienzo del siglo XXI ¿no será la hora, como invitaba Pablo VI para la teología, de releer y repensar a san Agustín a la luz de la Sagrada Escritura y en su contexto, por la reflexión teológica sobre las fuentes: Biblia, tradición judeo-greco-latina-cristiana, la Historia de los Dogmas y de los primeros Concilios, la Antropología semítica bíblica y cristiana para descubrir ese contenido, como propone el Concilio Vaticano II?. Porque, escuchando la revelación de Dios, san Agustín ha sido y es el maestro seguro que ha influído en la civilización de Occidente, y en la doctrina de la Iglesia hasta nuestro tiempo. Por tanto, el interrogante se concreta:

 

¿ Dónde y cómo san Agustín hoy?

Una tarea fascinante y laboriosa, que exige mucha preparación, y nunca será estéril, porque puede abrir horizontes nuevos y lograr avances insospechados. Sin renunciar, pues, a lo ya conseguido, ni a completarlo, la agustinología del siglo XXI puede ser sorprendentemente fecunda: lejos de estar agotada, podrá iniciar una nueva etapa de esplendor.

 

Sin duda, los estudios realizados constituyen un verdadero lujo por los resultados obtenidos. Porque si se hace inventario de los libros de toda clase, publicados hasta ahora: bíblicos, teológicos, filosóficos, históricos, literarios…sobre los escritos de san Agustín aparecen en seguida los pasos decisivos que se han dado con estudios tan excelentes que algunos merecen la categoría  de definitivos, y sus autores el reconocimiento de verdaderos maestros y especialistas en san Agustín.

 

 

CONCLUSIÓN

Por tanto, la actualidad de san Agustín ha sido siempre incesante, y su influencia es perenne por la inquietud y búsqueda del infinito (Conf. 1,1,1). Buscar para encontrar, pero encontrar para seguir buscando (In Io ev 63, 1). Quid putatis esse sapientiam nisi veritatem (De beata vita 4, 35). Non intratur in veritatem nisi per caritatem (Contra Faustum 32,18). San Agustín superó el maniqueísmo nihilista y tenebroso con el neoplatonismo realista y lumínico en contacto con la verdad trascendida como ideal inteligible, como luz contemplada, como reposo quietud-totalidad (Solil. 1,1,2 (Dios todo en todo). La historia demuestra que san Agustín ha sido artífice fundamental de la unión de la antigüedad y el cristianismo, la antigüedad con toda la inquietud, búsqueda y espera hasta el encuentro con el cristianismo en la plenitud de los tiempos.

 

San Agustín, llamado con razón el Platón cristiano, ha sabido armonizar los derechos de la razón y las verdades de la fe con respeto y autoridad. Siempre sin ambigüedad y con precisión. Por eso la frase “como dice san Agustín o ha dicho san Agustín” es una expresión vulgar o tópico que indica la importancia e influencia de san Agustín para reforzar un argumento o conversación seria, aunque venga más o menos a cuento. Y es que a lo largo de la historia, en distintas áreas del saber humano san Agustín es citado por su sabiduría, por su autoridad, y de ahí su influencia. Todos le reconocen un primer puesto como maestro. Y, sin embargo, esto no significa que san Agustín sea conocido de verdad, sino muchas veces sólo de oidas. Lo cual quiere decir que la mayoría  que cita o habla de san Agustín no ha leído lo que él escribió, simplemente se repite lo que algunos han dicho o escrito sobre él. Esta postura ha sido y sigue siendo tan actual como antigua, porque su doctrina y su autoridad en muchos puntos son indispensables. Pero hay una gran diferencia: que antiguamente, al menos hasta que llegó la imprenta en 1445, no era fácil acercarse a las obras de los autores; primero, porque la gran mayoría era casi analfabeta, carecía de estudios, ahí está el arte plástico de los retablos para enseñar la catequesis por los sentidos; además las obras eran manuscritos, que muy pocos, algunos privilegiados pudientes y estudiosos, podían conseguir; en cambio, desde la imprenta la cultura fue más accesible y se hizo más general; luego, en la Edad moderna y nuestra Edad postmoderna los medios de comunicación, y sobre todo, la información lo han puesto al alcance de casi todos, con una facilidad tan grande como si siempre hubiera sido así. Por tanto, para valorar con justicia hay que distinguir el paralelismo entre la antigüedad con la transcripción sucesiva de los manuscritos hasta los incunables de las grandes colecciones desde la imprenta, y nuestro tiempo moderno con las técnicas avanzadísimas para leer, informar, investigar, publicar. Referido todo esto a san Agustín quiere decir que cuando él vivió solamente muy pocos pudieron leer sus obras; que se copiaban a mano  en los escritorios de Hipona, Cartago y Tagaste, y eran enviadas, como se podía, a destinatarios privilegiados, que luego se consevaban y se transmitían a su vez desde las bibliotecas y escritorios de los monasterios, de las catedrales. Iglesias principales, verdaderos centros o núcleos de formación y de divulgación . Método que duró muchos siglos, se organizó, y en algún aspecto se comercializó, desde la época carolingia (siglos VIII-IX) hasta finales de la Edad Media para el estudio, la investigación y la predicación, por una parte. Por otra, y paralelamente, las copias de las obras que estudiosos admiradores de san Agustín se preocuparon no sólo de leer sino también de extraer pensamientos y de copiar textos de sus obras, presentándolas en forma de manuales para la gente sencilla, o como florilegios y homiliarios con comentarios más o menos reelaborados y adaptados a las circunstancias, en ambientes sobre todo religioso y devoto. Al principio estas obras tuvieron una finalidad apologética y espiritual, como hicieron san Próspero de Aquitania con sus 390 sentencias en defensa de san Agustín, Eugipio con su florilegio, san Fulgencio en sus comentarios y aplicaciones del pensamiento agustiniano; otros escritores elaboraron y transmitieron comentarios sin firmar con ideas y citas atribuidas a san Agustín, así nacieron los escritos llamados apócrifos[32].. De hecho san Agustín es considerado por todos el culmen de la Patrística latina, que recorrió las escuelas y métodos del saber más importantes de su tiempo en busca de la verdad, hasta que la encuentra en la fe católica. Desde entonces la relación entre fe y razón es central en su pensamiento y obra, porque las dos por caminos o vías diversos le llevan a la única Verdad. La fe por el camino de la aceptación de quien enseña la verdad o la via auctoritatis. Que es alcanzable a todos, si quieren aceptarla con humildad, porque es la via universalis salutis, que descubre verdades inalcanzables con sólo el esfuerzo racional, y necesita una ayuda superior, que es Cristo, Luz, Verdad y Camino. La razón, por el estudio y la reflexión o la via eruditionis, no está al alcance de todos, hace falta razonar, discurrir, que se logran con el estudio y la formación, es via de eruditos o via paucorum.

 

Con todo, ante el pueblo sencillo y fiel el Agustín más conocido es siempre el de hijo de tantas lágrimas, el hijo de santa Mónica., convertido en predicador ingenioso y seguro en la doctrina y en la fe. Sus  coetáneos lo descubrieron muy pronto como gran inspirador del pensamiento filosófico, teológico y religioso, así lo reconocen y lo utilizaron, como continuador y difusor en filosofía del pensamiento agustiniano; porque san Agustín hizo caminar a la filosofía junto a la religión al servicio de la fe y de la teología, cuyo proyecto o plan de formación trazado en su obra La doctrina cristiana sería punto de partida de la Escolástica, y de orientación en la estructura de las escuelas universitarias medievales.

 

Como los escritos de san Agustín están cargados de humanidad y de sabiduría, de tal modo que llegan directamente al fondo y a la reflexión de la verdad, se hacen imprescindibles en las cuestiones fundamentales; y todos de una manera u otra acuden y se sirven de éllos; singularmente en la Orden Agustiniana, que en cada época ha cuidado la tradición, divulgando su pensamiento con revistas populares como Vergel Agustiniano, Santa Rita de Casia y el Pueblo Cristiano, que han penetrado en las familias y han despertado vocaciones atraídas por el rico patrimonio  de su Fundador; además la lectura asidua de La Regla, Las Confesiones, los libros de espiritualidad práctica, devota, y con gran difusión, como Soliloquios,

 

Meditaciones, Manual.

 En el campo de la investigación las exposiciones doctrinales, en especial de la Escuela Agustiniana con Egidio Romano, Santiago de Viterbo, Seripando, Santo Tomás de Villanueva, Fr. Luis de León, Noris y Berti; también Erasmo y su escuela humanista; Lutero y sus interpretaciones, Leibnitz, el Augustinus de Jansenio y las réplicas de su tiempo, Bossuet, etc.; pero ha sido sobre todo en el siglo XX con ocasión de los Centenarios agustinianos cuando se han multiplicado los estudios especializados en diversos campos y formas con Portalié, Poujoulat, Bossier, Luis Bertrand, que encabezan la serie interminable de estudiosos, muchos de éllos grandes especialistas en algún tema o aspecto de san Agustín. Además, nacieron las grandes Revistas especializadas en estudios científicos sobre san Agustín y su doctrina; las cátedras o Estudios Agustinianos, cursos de Agustinología, tesis doctorales y publicaciones valiosas y artículos en los principales Diccionarios y Enciclopedias desde 1717, en Historias de los dogmas, en Patrologías, que han formado verdaderos especialistas en aspectos concretos o en su conjunto sobre la obra y estilo de san Agustín, como hizo el más eminente agustinólogo de nuestro tiempo Victorino Capánaga (1897-1983).

 

De hecho, desde la década de los cuarenta, al menos en español, (Biblioteca de Autores Cristianos (BAC) 1944), san Agustín comenzó a ser leido y estudiado en sus obras más importantes: además de las Confesiones, los Sermones, La Trinidad, La Ciudad de Dios, La Doctrina Cristiana, Los Comentarios a los Salmos, y a las Cartas de san Juan[33].  

 

En la convivencia continua con el mejor agustinólogo, el P. Victorino        Capánaga, eran frecuentes las conversaciones sobre la biblioteca especializada en san Agustín, que se cuidaba con esmero, porque era el instrumento principal para la actividad literaria de la Casa: el estudio sobre san Agustín, la publicación continua de la Revista AVGVSTINVS, y colaborar en la edición de las Obras de san Agustín, que desde 1946 a 1967 se venían publicando en la BAC bajo la dirección de los PP. Félix García y Victorino Capánaga. Se habían publicado 23 volúmenes de una selección de los escritos de san Agustín, pero con ocasión de la tercera  edición del volumen 4 en 1975 y la preparación de la reedición de la Ciudad de Dios, en conversaciones con el P. Capánaga surgía con frecuencia la conveniencia de publicar las Obras Completas de San Agustín y él  aconsejaba que se tratase antes con el P. Félix García; así se hizo, quien aceptó complacido la sugerencia, ofreciendo todo su apoyo. Entonces de común acuerdo se comenzó a estudiar planes y proyectos, hasta concretarlos en un programa detallado de volúmenes nuevos, obras de cada uno, colaboradores, normas y calendario aproximado de presentación de trabajos, formación de la Comisión técnica responsable, y cauce de financiación. Como por entonces se estaba configurando la Federación de Agustinos Españoles (FAE) se presentó el proyecto, que fue aprobado, tomando a su cargo la promoción y financiación. De este modo prosiguió la publicación de los tomos siguientes sin interrupción, hasta que se ha concluido toda la edición bilingüe (latín y español) de las Obras Completas de san Agustín  con el volumen n. 41 en el año 2002.

 

 San Agustín, que durante 40 años fue el Pastor celoso y fiel en todos los frentes, en la instrucción esmerada de sus colaboradores, clérigos y religiosos, y en la formación  cristiana de sus fieles, en la polémica con los adversarios, y en la investigación, búsqueda, y desarrollo  de la verdad conocida para todos, sigue interesando en el conocimiento continuo de la vida humana-cristiana, para su crecimiento y madurez espiritual.

 

 

TEODORO C. MADRID

REV. AVGVSTNVS

MADRID

revista@avgvstinvs.org



* ALBRECHT, M. Von : Geschichte der römischen Literatur, Munich 1994. BONARDIÉRE, LA A.-M.; Biblia Augustinienne, París 1966-1975. COURCELLE, P. Augustin et la Patristique grecque, 1948, 183-194. COLOMBÁS, G, M.: El monacato primitivo. Vol. 1: Hombres, hechos e instituciones, Madrid BAC n. 351. Vol 2: La espiritualidad, Madrid BAC n. 376. DICTIONAIR DE THÉOLOGIE CAHOLIQUE, París. 1909-1972. DICCIONARIO DE HISTORIA ECCLESIÁSTICA DE ESPAÑA, C.S.I.C., Madrid 1972-1987. DICCIONARIO DE SAN AGUSTÍN. San Agustín a través del tiempo, Ed. Monte Carmelo, Burgos 2001, 1352 pp.. , FRIEDBERG, É.: Corpus Iuris Canonici, Granz 1959. GILSON, E.: Introduction á l´étude de saint Augustin, Paris 1929. La Filosofía en la Edad Media, Ed. Gredos, Madrid 1965. GRABMANN. M.:Die Geschichte der scholastichen Metode, Fribourg 1911. GHELLINCK, J.: Le mouvement théologique du XII siécle, Paris 1944. LIEU, S.: Maniqueism in the Later Roman Empire and Medieval  China, Tubingen 1992. MANITIUS, M.: Geschichte der lateinischen Literatur des Mittelalters, vol. 1 Mucnich 1911. MARROU, H. I.: Saint Augustin et la fin de la culture antique, Paris 1939.

[1] O´Meara, J.: The Young Augustine, New York 1954.

[2] La Bonardièr.E, A.-M.: Saint Augustin et la Bible, París 1986; De Margerie, B.: An introduction to the History of Exegesis: Saint Augustin, vol 3, Peterson, Mass. Saint Bede´s Publications, 1993

[3] S. Posidio, Vida de San Agustín, 28:“Lamentábase de ciertos escritos que los compañeros le habían arrebatado de las manos antes de la corrección…“

[4]  Después de la época de persecuciones, catacumbas y martirio viene el soplo del Espíritu como reacción con el eremitismo de san Pablo, eremita el año 300, y la doble dirección: el cenobitismo de san Pacomio (hacia el año 340), y el monacato-monaquismo bien arraigado en Occidente  en los siglos IV-V, periodo de formación en la vida espiritual y social de la Iglesia.

[5] El carisma de san Agustín (años 388-396) renueva y vigoriza la organización y la formación del clero y del monacato por la vida común, por la cultura y por la pastoral. De esa manera consigue formar en la disciplina, y en la pastoral comunitarias a los formadores de las comunidades cristianas y de los monasterios, que luego van a actuar entre la gente sencilla, que está sufriendo  las consecuencias de las invasiones bárbaras, y la reacción del paganismo residual durante los siglos V y VI.

[6]Madoz, J.: El concepto de tradición en san Vicente de Lerins, Roma-Gregorianum 1933

[7] Valentin, L.: Saint Prosper d´Aquitaine: étude sur la littérature latine ecclésiastique au 5e. siécle en Gaule, Toulouse 1900.

[8] Barnish, S.J.B.. The Work of Cassiodorus after His Conversion, Latomus 48, 1989, 157-187).

[9] Armstrong, A. H.: Augustine and Christian Plationism, Villanova 1967; .Atanasio san: Vida de Antonio, Biblioteca de patrística 27, Ciudad Nueva Madrid; Bastiaensen, A.: Augustin et ses prédécesseurs latins chrétiens, Paris 1987; Courcelle, P.: Les lettres grecques en Occident. De Macrobe à Casiodore, Paris 1948; Camelot, T.: Virgines Christi: La virginité aux premiers siécles de l´Église, París 1944; Godemet, J.: Societé et mariage. Strasbourg 1980; Lapeyre, G.G.: Saint Fulgense de Ruspe. Un évéque africain sou la domination vandale, Paris 1929; Madec Goulven, A.A.: Influencias cristianas en Agustín, en Diccionario de san Agustín, Ed. Monte Carmelo, Burgos 2001, 718-726; MacCromack, Sabine: Influencias clásicas en Agustín en ibid. ,708-718; De Vogué, A.: Histoire littéraire du muviment manastique dans l´antiquité vol. 1 Paris 1991; Theiler, W.: Porphyrios und Augustin, Halle 1933;Testard, M.: Saint Augustin et Cicéron, Paris 1958.

[10] Contreni, J. J.: La era carolingia incipiente en Dicc. de san Agustín Ed. Monte Carmelo, Burgos 2001, 217-225; Kelliy J. F.: La era carolingia tardía en Ibid., 225-230 ; Riché, P. Education ad Culture in the Barbarian West from the Sxth to the Eigth Century, Columbia S.C. 1978; De Lubac, H.: Exegése médiévale. Les quatre sens de l´Écriture, 3 vols. Paris 1959. Con la nueva organización monástica de san Benito (hacia el año 530) la formación cristiana y el apostolado de los monasterios se orienta hacia la población rural, que es  mayoría, cristianizando a la familia, y asentando la organización de la sociedad rural, sobre todo, durante la etapa carolingia, que perdura en todos los niveles sociales hasta la Edad Media tardía. Predomina en toda Europa, donde se multiplican los escritorios, las bibliotecas, las escuelas como centros de formación y de cultura en torno a las catedrales y a los monasterios.

[11] Madec, G.: Jean Scot et ses auteurs. Annotations Érigéniennes, Paris 1988.

[12] Evans, G.R.: Anselm, London, Castell 1989.

[13] Cfr. Tácito: Germania cc. 13-14). Práctica que van introduciendo en toda Europa las invasiones germánicas; en España desde el año 507 con los visigodos, que Leovigildo y la Lex visigotorum consiguen institucionalizar. Pero es en los siglos XI al XIII cuando florece la institución jurídica del feudo o feudalismo como régimen político-social de los paises de Europa central y occidental en la alta Edad Media como conjunto de instituciones que regularon las relaciones entre los señores y los vasallos. En lo cultural es la era peyorativa de esa época, en la cual la civilización se degradaba por el sistema de vasallaje o sumisión, y el de fuero o beneficio, casi totalmente rural, dependiendo de la suerte de los señores, que de ordinario eran caballeros-combatientes, y los súbditos-vasallos trabajadores-campesinos, que debían mantener a los señores, eclesiásticos y orantes; a cambio, éllos  debían defenderlos.e instruirlos. Los esclesiásticos se compònían del clero secular, dividido en categorías: los obispos como jefes-señores, la curia a su servicio, los párrocos rurales, de escasa cultura, al cuidado espiritual de los burgos y poblaciones; el clero regular, exento de la jurisdicción de los obispos, desde Carlo Magno sometido de hecho a la primitiva regla de san Benito en sus variadas formas, pero todos como benedictinos ( Cfr. M. Bloch: La sociedad feudal). El peligro de este sistema vino de la confusión entre cargo eclesiástico y fidelidad fe